Samaná Fest
Texto: Camille Langen, Mael NGuyen & Jules Dominé | Fotografía: Camille Langen & Jules Dominé
15 de may de 2026
Compitiendo y defendiendo los ríos de Antioquia

En los cañones selváticos de Colombia, no muy lejos de Medellín, donde los Andes se transforman en una densa red de selva y rápidos de aguas blancas, se celebra un festival de aguas bravas verdaderamente único.Creado hace diez años por los kayakistas franceses Jules Dominé y Mael Nguyen, el Samaná Fest es un encuentro de diez días construido alrededor de una maratón de 40 km de clase IV-V, que reúne a deportistas internacionales, comunidades locales, artistas y defensores del medio ambiente.Compitan o no, los participantes llegan al evento para correr, celebrar, defender y generar conciencia, compartiendo el río junto a las comunidades locales y recorriendo sus rápidos para ayudar a mantener salvajes los ríos de Antioquia.
“ Los cuarenta kilómetros de rápidos Clase IV y V que esperan por delante representan tanto un desafío como un privilegio. ”
En el exuberante cañón selvático, normalmente lleno de canto de aves y del murmullo lejano de los rápidos, un grito irrumpe de repente: “¡Samaná libre!”La playa de arena oscura, descubierta por el caudal de la noche, se ha transformado en un vívido mosaico de kayaks, cuyos colores bordean la orilla del río en las profundidades de Colombia. Treinta kayakistas decididos, provenientes de todo el mundo, se preparan para lo que podría ser la carrera de aguas bravas más larga, y quizás la más difícil, del planeta.Sin embargo, detrás de este pretencioso título se esconde un propósito mucho más noble, y una dura realidad. La carrera solo existe porque el río aún corre libre, pero esa libertad está amenazada. Nadie en la línea de salida está aquí únicamente para competir; existe una verdadera motivación de ir más allá del kayak y recordarnos que este deporte, esta afición, esta pasión, nos une no para descubrir quién es el más rápido sobre el agua, sino por nuestro amor compartido por los ríos.Amenazada durante décadas por proyectos hidroeléctricos, la cuenca del Samaná, una de las más biodiversas del mundo y hogar de una extraordinaria concentración y diversidad de aguas bravas, sigue siendo la última de la región en fluir libremente. La batalla por su supervivencia siempre ha sido urgente, pero una rara combinación de turismo, deporte y comunidades locales ha logrado frenar el avance de las represas. Eso es lo que nos trae aquí.

Los cuarenta kilómetros de rápidos Clase IV y V que esperan por delante representan tanto un desafío como un privilegio.Comienza la cuenta regresiva, suena el silbato. El grupo se lanza hacia adelante al mismo tiempo, explotando, burbujeando, irrumpiendo con una energía salvaje, igual que el propio río.Todos conocen la estrategia: mantenerse con el grupo de cabeza sin agotarse demasiado pronto, porque el camino por delante es largo. En cuestión de minutos, el grupo puntero se despega. Michele Ramazza, ganador del año pasado y gran favorito; Breiner Matiz, la máquina colombiana que brilló durante las clasificaciones; Jules Dominé, la primera persona en descender el Samaná; y Daniel Klotzner. En el último segundo, Mael NGuyen logra engancharse a la ola de Daniel y mantenerse en la pelea. Detrás, el resto del grupo comienza a estirarse mientras cada kayakista encuentra su propio ritmo en armonía con la corriente del río.Esta es tanto una carrera mental como física. Para resistir la distancia, los competidores deben dejar atrás sus propios hábitos y moverse en completa simbiosis con el río. ¿Cómo se supone que van a mantener esto durante 40 kilómetros? ¿Y por qué es tan larga, de todos modos?
Samaná libre, un lema poderoso

“ El Samaná Fest es un festival y carrera de aguas bravas de diez días que se celebra cada año en Antioquia, Colombia. En el centro del evento se encuentra la maratón, la carrera de aguas bravas más larga del mundo. ”
El evento nació con un deseo simple: mostrar la belleza del Samaná e involucrar a las personas en su protección. Lo que comenzó como un viaje de rafting junto a líderes locales se ha convertido en un festival internacional que reúne a deportistas de decenas de nacionalidades y los invita a unirse a comunidades rurales, políticos locales, científicos y artistas para gritar “¡Samaná Libre!”El programa se reinventa cada año, pero sigue teniendo sus raíces en los deportes de aventura y el kayak, mezclándolos con arte, música, turismo y comunidad para amplificar la voz del río.El festival comienza con un descenso recreativo, donde kayakistas y habitantes locales bajan juntos el río antes de llegar a un pequeño caserío a orillas del agua. Un encuentro sobre el puente, símbolo tanto del acceso al río como de los riesgos que lo amenazan, marca el inicio del evento. Por la noche, ese mismo lugar se llena de música, con DJs internacionales tocando justo donde días después comenzará la maratón.Este año se presentó una carrera de relevos de tres disciplinas que conecta kayak, parapente y trail running en el valle de las cascadas de Antioquia. Concebida alrededor de la idea de continuidad, refleja la necesidad de que el río permanezca conectado desde sus nacimientos hasta las llanuras. Los corredores ascienden por senderos empinados antes de entregar el relevo a los pilotos de parapente, que despegan sobre las nubes y vuelan junto a las cascadas que alimentan el valle. Mientras el río toma forma más abajo, los kayakistas toman el control, compitiendo en el tramo final sobre el Santo Domingo. El espectáculo es impresionante. Cada equipo recorre ocho kilómetros de aguas bravas Clase IV, diez kilómetros de sendero con 800 metros de desnivel positivo y un vuelo de precisión a través de uno de los paisajes más espectaculares de la región.Las clasificaciones para la maratón de aguas bravas se realizan en el río Cocorná, un río más accesible y rodeado de espectadores que animan desde las orillas. Este evento sigue siendo abierto para todos los niveles, con una carrera para principiantes que recibe a cualquiera que comparta el amor por el río.Después de las clasificaciones, se dedica un día completo a explorar el Samaná. En un ambiente relajado, kayakistas y habitantes locales descienden juntos en kayaks y balsas, para luego regresar en chivas, los buses abiertos y coloridos que recorren los caminos destapados mientras el reguetón resuena entre las montañas. El día previo a la maratón, pensado como jornada de descanso, también es una oportunidad para que los más motivados se lancen a grandes descensos, explorando secciones como Gracias a Dios en el impresionante río Calderas.

El último rápido del río Samaná durante las finales, accesible únicamente para los quinze mejores kayakistas
La maratón es el evento más exigente de la semana. Se corre en un tramo del Samaná que no tiene acceso por carretera durante toda la competencia, atravesando uno de los corredores selváticos más prístinos e inaccesibles del país, hogar de especies de flora y fauna que no existen en ningún otro lugar. La carrera comienza cerca del único puente accesible, junto al pueblo de San Luis, y luego desciende hacia un tramo remoto alimentado por afluentes que bajan desde los páramos, los ecosistemas de alta montaña de los Andes. Finaliza en Puerto Garza, la única pequeña comunidad ubicada a orillas del río.El Samaná debía haber sido represado e inundado para 2018, y aun así sigue corriendo libre. Competir aquí se siente como un acto de resistencia y de coherencia. Quedar entre los diez primeros significa obtener un lugar en las épicas finales, en el último cañón: un descenso corto pero intenso a través de tres rápidos exigentes, el último de ellos requiriendo la máxima precisión, justo debajo de cascadas que caen desde la selva hacia el río. Pero simplemente estar aquí ya significa formar parte de algo mucho más grande: mantener al Samaná fluyendo libre.

Carreras clasificatorias durante el Samaná Fest
Una celebración de la comunidad
Puerto Garza recibe la celebración de cierre en el último día. En las calles se realiza un desfile emblemático en defensa de la protección del río, en el que participan kayakistas, niños del pueblo, saxofonistas, representantes de la comunidad y pescadores.Los pescadores más experimentados del pueblo lanzan sus redes en plena calle concurrida, atrapando a algunos kayakistas malolientes mientras todos estallan en carcajadas ante la escena.Avanzando hacia el puente, se forma un momento simbólico de unión sobre el río. Los kayakistas aventureros abrazan a las abuelitas del pueblo, mientras los soldados encargados de la seguridad bajan la guardia por un instante; sus rostros se suavizan y sus dedos se alejan del gatillo, dejando escapar una sonrisa al contemplar la poderosa escena.Al caer la tarde, la calle principal de Puerto Garza se llena de chalecos salvavidas goteando, cascos y remos abandonados. Del bar local se escuchan media docena de idiomas distintos, algo poco común en este remoto pueblo ribereño. Kayakistas de nivel mundial comparten una cerveza con pescadores locales alrededor de la misma mesa plástica. No es precisamente la imagen que uno suele asociar con la protección de los ríos, y sin embargo, es justamente en escenarios como este, observando el mismo río, donde las conversaciones tienen más fuerza.El Samaná Fest nació en estos mismos pueblos, junto a estas mismas comunidades, a partir de las ideas de Jules Dominé y Mael NGuyen. La presencia de una comunidad internacional solo hace que su mensaje sea más visible y poderoso.Mientras la gente se reúne alrededor del escenario, se siente en el aire una mezcla de emoción, alegría y fuerza. El alcalde de Puerto Garza se dirige a la multitud:

“ ¡Esta tierra está hecha de campesinos! ¡De naturaleza! ¡De ríos! Que todos debemos proteger. Por eso, nos mantenemos firmes en la defensa de nuestros ríos. ¡Nos mantenemos firmes para que nuestros ríos sigan corriendo libres! ”
Detrás de él, una cascada se precipita directamente desde la selva hacia el río, cuyo futuro sigue siendo incierto. Estando allí, resulta imposible no comprender por qué personas de todo el mundo han venido desde tan lejos para defender este río.

Conciertos durante la ultima noche del Samaná Fest, animando las calles de Puerto Garza
El ambiente festivo transmite un mensaje más profundo, reforzado por los artistas sobre el escenario: Afaz Natural, Killa Beat Maker, Santo Stereo, Sonido Chapa, Charcano y Trópico Negro utilizan sus voces en defensa del Samaná. Basados en ritmos de cumbia, los conciertos mezclan sonidos electrónicos y afrocaribeños, con varios artistas interpretando canciones originales escritas específicamente para proteger el río.Los habitantes locales sonríen ante la escena. Hay algo genuinamente divertido en ver a algunos de los mejores kayakistas del mundo, tan elegantes sobre el río horas antes, ahora mucho menos cómodos intentando seguir los ritmos de la cumbia.La energía desbordante de los conciertos, el evento final del Samaná Fest después de diez días de competencias y encuentros comunitarios, continúa hasta altas horas de la noche. Es increíble lo que puede provocar un río que aún corre libre.
Mantiendo libre el Samaná

Mientras las luces parpadean alrededor de la pista de baile, es fácil preguntarse de dónde viene toda esa energía. La mayor parte de la electricidad de Colombia proviene de la energía hidroeléctrica, lo que significa que casi cada luz está alimentada por un río que alguna vez fluyó libremente. Muchos momentos cotidianos durante el festival sirven como recordatorio de que todo está conectado a recursos irremplazables que la Tierra nos ofrece.Actualmente, la cuenca está amenazada por ocho nuevos proyectos hidroeléctricos. Tras el fracaso del megaproyecto Porvenir 2, la estrategia cambió hacia la propuesta de múltiples microcentrales distribuidas en todos sus afluentes. “Para salvar el río, hay que estar en el río.” A través de distintas acciones, el Samaná Fest visibiliza estos ríos amenazados, desde descensos en balsa por el Río Verde y el río Calderas hasta las clasificatorias de la maratón en el río Cocorná y el triatlón en el río Santo Domingo. La edición de este año también incluyó descensos guiados en rafting, permitiendo que los habitantes locales pudieran vivir la experiencia del río.Mientras los habitantes del pueblo acompañan a los kayakistas visitantes por las calles, asegurándose de que estén bien alimentados entre baile y baile, la idea del río como fuente de energía permanece presente. Tal vez el verdadero poder del Samaná no esté en producir electricidad, sino en crear conexiones entre dos mundos que de otra manera nunca se encontrarían y, al hacerlo, fortalecer el esfuerzo por protegerlo.Calidez, apertura y generosidad son palabras que los visitantes utilizan constantemente para describir a las comunidades locales. El Samaná Fest incorpora estos valores poniendo la inclusión en el centro de todo, asegurando que las comunidades también reciban beneficios del río. Esto incluye nuevas iniciativas como el campamento Students for Rivers, que se realizará en septiembre de 2026 en colaboración con River Collective. Este programa liderado por jóvenes reúne a estudiantes universitarios y de doctorado colombianos e internacionales para trabajar de manera interdisciplinaria en la protección del Samaná, combinando enfoques científicos y legales. Estudiantes, científicos, activistas, expertos, abogados y responsables políticos colaborarán en una propuesta legal para la protección del río, además de desarrollar investigaciones inéditas sobre especies endémicas de los ecosistemas de la cuenca, fortaleciendo así su reconocimiento en los espacios de política pública y toma de decisiones.La invitación a venir al Samaná Fest es, por supuesto, una invitación a disfrutar de este lugar extraordinario, pero también a despertar algo más profundo dentro de los kayakistas, que pasan gran parte de su vida en el agua y valoran intensamente esos momentos de libertad, para a cambio ofrecer algo de vuelta: un compromiso con la protección de la libertad de los ríos, sin importar dónde fluyan.Lo que Jules ha creado es valioso, y con la ayuda de Mael y de toda la comunidad del Samaná, esto se ha convertido en la lucha de sus vidas, una que quizás logren ganar si continúan luchando. Salvar un río y enriquecer una comunidad a través de la diversidad y la conexión. En un mundo donde la división se vuelve la norma, el Samaná Fest demuestra que las personas pueden unirse para construir algo significativo sin necesidad de compartir el mismo idioma, religión o cultura. La lucha por mantener libre al Samaná demuestra lo que puede lograrse cuando las personas eligen actuar de manera positiva en lugar de limitarse a la oposición. El Samaná Fest crea un espacio que reúne a las personas alrededor de lo que aman, permitiendo que del festival nazcan conexiones reales y movimientos con propósito. Después de décadas de lucha, un nuevo movimiento está creciendo en todos los niveles de la sociedad: pasar de proteger el último río de flujo libre de la región a convertirlo en el primer río legalmente protegido de Colombia.

Jules Dominé, fundador del Samaná Fest, bajando el río Santo Domingo
